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Babio

Un mundo lleno de emociones

Se dice del Amazonas que es el 'pulmón de la Tierra'. Hablar de sus cifras y datos produce vértigo: una extensión de 6.700 kilómetros, con un promedio de ancho de 40 kilómetros; su cuenca, la selva amazónica, abarca una superficie de más de seis millones de kilómetros cuadrados, más de diez veces el tamaño de Francia; se estima que una quinta parte de todas las especies de aves del mundo se encuentran allí, estando identificados más de dos millones y medio de insectos...

Por todo esto, adentrarse en el Amazonas es una experiencia inolvidable, llena de sorpresas naturales y cubierta de una energía vital desbordante e indescriptible. Un viaje en el que la naturaleza atrapa los sentidos del viajero, y se muestra con todo su esplendor, su belleza, su inmensidad... Un mundo lleno de emociones. ¿Te atreves?

Manuel Babío

Mundo Amazonas

Amazonas
Martes, 19 de Octubre de 2010 13:34

Atravesando la selva amazónica...

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Puerto de Itacoatiara Puerto de Itacoatiara

 

El autobús se adentra, como filo de navaja, en la selva amazónica. En algunos momentos parece que ésta se va a decidir a engullirlo. Esta mañana hemos salido de Manaus sobre las 12'horas, con una pequeña mochila auxiliar con lo básico (hamaca, una muda, repelente...), con destino a ITACOATIARA, un pequeño pueblo situado en la ribera del Amazonas a algo más de doscientos kilómetros hacia el Este, en un viaje de aproximadamente cuatro horas. La idea es tomar desde allí un barco de los que vienen de Belem o Santarem, de transporte público, que nos lleve de vuelta a Manaus remontando el rio Amazonas y poder disfrutar de un amanecer o un anochecer sobre el Amazonas, durante el trayecto. No tenemos referencia fiable del horario o frecuencia de los barcos que hacen el trayecto, ni de su duración; de las gestiones realizadas en el puerto de Manaus obtuvimos respuestas tan variadas y distintas que sólo podremos saberlo experimentándolo.
 
El autobús está bien; ni es el último modelo europeo ni una cacharra antigua. Tiene aire acondicionado, lo que se agradece porque debemos rondar los cuarenta grados en el exterior. Por tanto, salvo algunas sacudidas provocadas por los baches, el viaje es apacible y te permite disfrutar del espectáculo de la Selva en los márgenes. Naturaleza en estado puro, con una frondosidad insultante y una incontable variedad de especies, de formas, de colores, que parecen librar una batalla entre ellas por llegar a la luz.
 
La poca gente que viaja en el autobús es de la zona, no hay turistas. En el camino nos detenemos en dos pueblecitos, Rio Preto da Eva y Lindoia, y aprovechamos para tomar una cerveza helada y un tentempié. Aunque poco después hace otra parada un tanto particular en la que descienden del autobús una señora y dos jóvenes: es en plena carretera, ni siquiera hay una marquesina… y en lo que alcanza nuestra vista no se percibe ni el más mínimo indicio de residencia o poblado. Carretera y, a los lados, selva. Sólo selva.
 
Llegamos a Itacoatiara un poco más tarde de lo previsto, sobre las 16’30 h. Tenemos que ir antes de nada al Puerto, para enterarnos de los horarios de los barcos. Y aquí el método más común (y barato) para desplazarse es la 'moto-taxi' (o sea, de paquete en una moto normal). No es un dechado de comodidad, con la mochila a la espalda, pero nos gusta sentir el aire en la cara y percibir los olores de la ciudad. Por algo menos de 1 euro al cambio nos llevan al Puerto, que en realidad no es más que un gran pantalán flotante –el que se ve en la foto-, para absorber la variaciones de nivel del Amazonas, que en estos momentos se encuentra a un nivel más bajo de lo normal en esta época. Este año ha llegado antes de tiempo la 'seca' o bajada del rio, dejando al descubierto riberas de arena blanca y zonas de selva hasta hace poco totalmente inundadas. La diferencia de nivel puede llegar a los 12-15 metros.
 
Vemos a un grupo de señores a la entrada del pantalán, que nos indican que el barco pasa sobre las 19'00 h, aunque también nos aconsejan estar dispuestos media hora antes.
 
Así pues, tenemos casi dos horas (en teoría) para dar una vuelta por el pueblo. Y, sobre todo, para tomarnos unas cervecitas bem geladas en una terraza sobre el Rio. No es precisamente una terraza ‘chic’, pero se compensa con las espectaculares vistas sobre el Rio Amazonas en pleno atardecer…
 
Ahora sólo falta esperar a que pase nuestro barco de las 7...
 
Manuel Babío
Itacoatiara (Amazonas), 22 septiembre 2010.
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